Se Habla Colombiano

La tradición cultural y lingüística de nuestras tribus indígenas


Colombia, ha sido considerada por historiadores, sociólogos, geógrafos y múltiples científicos como “una nación privilegiada”; entre sus muchos honores y albores, destaca la amplia y reconocida riqueza biológica, que con el paso acelerado de los años, se ha convertido en un escenario perfecto, que enmarca como lienzo incomparable, la infinita fortuna cultural, que brota de cada rincón de nuestro país como una oportunidad única de enriquecimiento y de saber para el Colombiano y el extranjero.

En efecto, podríamos afirmar que muy pocos países en el mundo, tienen la fortuna de contar con un potencial étnico y cultural tan amplio, y mucho menos el poder decir que un buen entramado de sus costumbres, tradiciones y más fervorosas manifestaciones populares se hayan construido gracias a la mágica sinergia de los millares de habitantes (diversos desde muchos puntos de vista) y en particular, de la amplia cantidad de estructuras dialécticas, que han dotado de gran diversidad la comunicación en nuestro país y sobre las cuales hablaremos en este texto.

El fortalecimiento del Ministerio de Cultura, y los esfuerzos conjuntos por la preservación de nuestras tradiciones más afloradas, no solo permitieron que se reconociera el valor de la educación y la defensa de nuestras manifestaciones populares; también, permitieron generar un reconocimiento hasta hoy interminable, al  aporte incalculable que la basta composición étnica que hoy habita el territorio colombiano ha hecho a la construcción del conocimiento, a la interpretación del mundo, y a la necesidad de generar acciones encaminadas a preservar las más castizas de nuestras expresiones: Los dialectos ancestrales.

Durante los siglos XV al XVII, la gran variedad de tribus indígenas en Colombia, agrupadas por las asociaciones en sus dialectos como familias lingüísticas, sucumbieron en su mayoría tras el proceso de colonización española, que redujo en cantidad a la población ancestral de nuestro país, como resultado de enfermedades, pestes o las jornadas extendidas de trabajo.

Sin embargo, tras todos los procesos de renovación y reestructuración social, y el afianzamiento de Colombia como un estado de derecho,  para el censo de 2005, aproximadamente 90 tribus indígenas sobreviven a lo largo del territorio nacional, dentro de las cuales se movilizan alrededor de 70 lenguas amerindias (O dialectos autóctonos)  que hoy son reconocidos y defendidos por la constitución, y sobre los cuales se enfocan todas las miradas académicas, buscando evitar su desaparición definitiva.

Lo más curioso en relación a este último aspecto, es que en muchos de los lugares en los que la concentración de los pueblos indígenas es mayoritaria, se habla de una concepción de multilingüismo, desde la cual, las personas reciben todo su proceso de formación en su lengua aborigen (Como por ejemplo, la de los indígenas Guambianos, en los departamentos de Nariño y Cauca; o la de los Koguis en la costa caribe colombiana) como eje del sostenimiento de su estructura social, pero también, aprenden a hablar el español y el inglés, como una forma de hacerse fraternos con los colombianos del interior y los extranjeros que visitan sus tierras. Un perfecto ejemplo, si se analiza con detenimiento, de lo que se comprende como competencia multicultural o en palabras más simples, como la capacidad de desarrollarse en entornos culturales diferentes al propio.

En efecto, la multiplicidad de tradiciones étnicas y culturales, que los pueblos indígenas colombianos aportan al folclore nacional, son de valor incalculable y suponen el reconocimiento de la totalidad de los habitantes de la nación, al patrimonio cultural que los mismos representan. No está de más, el no escatimar esfuerzos para afianzar vínculos sólidos e inamovibles con la historia y los dialectos raizales de Colombia, más allá de pretender conocer o ahondar en la cultura occidental.

De lograr esta nueva concepción, podríamos tomar experiencias y ejemplos tan simples como los que nos dan nuestras tribus indígenas, quienes desde la defensa de su lengua y  sus tradiciones, promueven el aprendizaje del español y el inglés, como un mecanismo para transmitirlas a todo aquel que sea posible, pero también, para comprender que aunque la maquinaria del desarrollo haga necesario que estas comunidades sustenten su supervivencia desde el contacto con los otros, sigue siendo prioritario que Colombia no haga a un lado sus raíces más puras.

Para muchos, el saber ancestral y la lengua indígena, pareciese convertirse en un factor cada vez menos incidente dentro de la definición de lo realmente colombiano, y se ve reducido en su contacto al dialogo que brota desde las trochas y los parajes más exóticos de la geografía nacional. Sin embargo, es gracias a este saber, que elementos de moda, como la mochila arahuaca (que es tejida por el indígena de la sierra nevada para pedir la mano de su pretendiente en matrimonio, y cuyo tejido inmiscuye un mensaje de amor eterno), o la chicha (que era la bebida que dotaba de divinidad las ceremonias sagradas de los indígenas del altiplano), prevalezcan al paso del tiempo, y realcen el carácter de lo étnico que a paso acelerado pareciese desdibujarse de nuestra identidad colombiana.

Sumado a ello, se encuentran los clamores por la igualdad social, por la fraternidad, el amor y la tolerancia entre todos los seres humanos que se condensan como un único mensaje para toda tribu, repetido en cada uno de sus dialectos, y que con gran majestuosidad, puede resumirse como una de las expresiones que los Wayuu defendieron durante la traducción de la Constitución del 91 para los indígenas: Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal a su persona aunque piense y diga diferente.

En síntesis, además de instar por el reconocimiento y la defensa de la lengua y la tradición ancestral, es significativo que como comunidad de aprendizaje, exaltemos el rol que juegan las comunidades indígenas dentro de la estructuración del folklore y la cultura colombiana, así como la trascendencia que la misma debe tener para las actuales y nuevas generaciones.

Es importante reconocer, que nuestra memoria histórica debe continuar interrogándonos por aquello que somos y seremos, por aquello que es y puede ser Colombia, sobre todo, por el hecho de que la Colombianidad, debe ser defendida por y para el colombiano. Esta intención, subraya la importancia de promover la curiosidad, la discusión y la difusión de ideas y tradiciones por encima de cualquier bien, pues es la tradición el tesoro más grande que tendrá nuestra nación.

FUENTES:

http://www.dane.gov.co/files/censo2005/etnia/sys/colombia_nacion.pdf