Ensayo sobre la ceguera; un ensayo sobre humanidad

La humanidad ha afrontado diferentes tipos de virus, plagas y padecimientos a lo largo de su historia. Unos más severos que otros y algunos que han dejado huella incalculable. Un claro ejemplo puede ser la peste bubónica y los millares de víctimas que cobró a su paso por Europa en el siglo XIII. Un siglo más tarde, muy lejos de Europa en una nueva tierra de promesas y sueños de ambición, una nueva plaga azotaba a los moradores de una tierra jamás antes vista, pero con caudales de oro y plata que forjaba el imaginario de terratenientes y nobles españoles quienes veían caer a sus pies una de las culturas indígenas más avanzadas y desarrolladas de la historia. La ya erradicada viruela fue el sello de conquista Europeo en las Américas. Un sello que a lo largo de la historia permanece en la mayoría de nosotros con una tenue marca en nuestros brazos recordándonos lo que una plaga nos puede hacer. Una marca que nos recuerda cuan frágiles somos aún con todo el despliegue tecnológico del siglo XXI.

Con lo anterior, sería fácil concluir que las pandemias y las plagas han sido elementos básicos para el desarrollo de habilidades básicas de supervivencia en los seres humanos y en especies animales. De hecho y citando aquel famoso trabajo de Darwin sobre la evolución de las especies, sería preciso decir que todos y cada uno de los que estamos vivos somos seres altamente evolucionados, con un organismo dispuesto a afrontar y adaptarse a cualquier cambio que pueda ocurrir como parte de nuestro desarrollo en el mundo. Todo con el único fin de sobrevivir como seres individuales al igual que como especie y como raza.

Seguramente la reflexión anterior o una similar motivó el imaginario del autor José Saramago quien en su obra; ENSAYO SOBRE LA CEGUERA, nos adentra a una ciudad normal; en la cual los médicos atienden a sus pacientes, un niño sale de compras con su madre, una mujer paciente espera a su marido en casa, un ladronzuelo cualquiera busca víctimas o aprovecha la ocasión para volverse un ganador. Esta ciudad de Saramago, pude ser la suya o la mía. Lo que marca a esta ciudad, es el hecho de que en un día como cualquier otro, una pandemia de luz ciega a la gran mayoría de sus habitantes. Sin más explicación o motivo en una cadena ascendente toda y cada una de las personas que tuvieron contacto con el primer paciente, empiezan a caer en la oscuridad de una luz destellante que lejos de la ceguera brinda un brillo intenso de blancura y pureza, una blancura es descrita por el autor como aquello que quisiera limpiar el mal del mundo, como si quisiera  borrar todos los capítulos oscuros de la humanidad con un brillo dolorosamente intenso que simplemente ciega.

Estar ciego es algo que quizá no muchos han sentido. Imaginarse sin la posibilidad de ver los objetos de nuestra habitación, aquellos tan comunes con sus colores característicos. No poder ver el rostro de quien te habla, aquel tan familiar que después de no poder divisarlo al cabo de un par  de días empieza a volverse ajeno o extraño. Valorar el sol de la mañana y el ocaso del sol al atardecer, son eventos que nunca extrañamos porque siempre los vivimos en nuestra fría y aburrida cotidianidad. Estar ciego, no ver el cuerpo, sentir, desarrollar otros sentidos opacados por la vista, entender el mundo con sonidos, ver voces y sentir contactos. Eso propone Saramago en su obra. Volver  a comprender el mundo desde su más insípido origen. También medir la capacidad que tienen los seres humanos de adaptarse al cambio, de sobrevivir, a pesar de todo.

Sin embargo el autor también nos deja campo para la duda en su obra; ya que en ocasiones el don de la vista puede ser el más cruel de todos los dones. Pues con él vemos cómo la humanidad lamentablemente nunca tiende a pensar ni ha pensado de forma colectiva. La vista nos hace ver cómo el poder siempre va a ser anhelado y manejado por algunos pocos y cómo el miedo es el factor detonante de los peores procederes en los humanos para con los humanos. Esta mujer de edad avanzada con su vista intacta, y con una lealtad única y una voluntad inquebrantable es quien nos adentra a los episodios más crueles e inhumanos de esta historia. Pues es ella quien divisa y a la vez narra todas las atrocidades que un grupo de personas puede cometer con otras al igual que con ellos mimos, es ella quien a través de sus ojos y de lo que ellos perciben, nos lleva lentamente y día a día a aprender que el mundo parece ser una jungla donde el más fuerte devora al más débil. Una caricaturesca realidad que sobrepasa los límites de la ficción en cada momento. Una narración de la humanidad cada día más inescrupulosa. Una raza con un concepto claro que dicta; debes tenerlo todo en vida sin importar un por qué o un para qué, más que por el simple regocijo de tenerlo todo antes de morir y si morir es el destino, morir con la satisfacción de haberlo conseguido todo.

Ensayo sobre la ceguera no es un libro plano, para una mente plana. Ensayo sobre la ceguera es un libro multidimensional en el cual un evento encadena a otro y otro y otro. Es un libro donde se ve lo mejor y lo peor de la raza humana, donde se juzga y a la vez se reflexiona, donde se miden escrúpulos y fortalezas. Donde uno realmente aprecia el don de ver y donde poco a poco el lector empieza a retarse por momentos a apagar las luces para entender el mundo con las luces apagadas, en caso tal de que algún día sucediese un evento semejante sin más ni más, tal cual sucedió con toda la población de esta historia sin mayor explicación.

Ensayo sobre la ceguera no es un libro de política, deportes, humor, comedia, erotismo, amor, pasión, drama, política, derechos humanos, autoayuda, autocontrol y mucho menos un libro de ciencia ni de antropología, aun siéndolo en lo más profundo de sus líneas.  Ensayo sobre la ceguera es un ensayo sobre la humanidad y su magnífica e reprochable realidad.