AVENTURA EN EL SAFARI

AVENTURA EN EL SAFARI

 

Ilustracion: Laura Quintero – 9D

Alicia, ¡corre! Pensaba yo mientras el carro del safari iba a unos cuantos metros míos. Había decidido hace algunos días ir a un safari porque me gustan los animales y quería conocer más acerca de ellos. Íbamos en el carrito del safari pasando por el frente de los rinocerontes y los leones y a mí se me ocurrió la maravillosa idea de sacar la mano a tocar a uno de ellos. Mientras sacaba la mano se enredó mi camiseta en una rama de un árbol y me caí del carrito. Cuando me di cuenta y reaccione estaba corriendo por mi vida, perseguida de un león hambriento y un rinoceronte enojado. Llevaba un rato corriendo (unos 20 metros) y ya no podía más, sentía que no podía respirar bien y mis piernas no daban para más. Llegó un momento en el que creí que moriría, pero no fue así. Pensé que, si no tomaba una decisión rápido, moriría. Hice lo primero que se me vino a la cabeza. Paré de correr, me voltee, mire a los animales, les tendí la mano y les grite tan fuerte como pude.  -¡ALTO!

Para mi sorpresa los animales se habían detenido. Quedé en shock unos segundos y cuando reaccioné, el carrito del safari ya no estaba. Los animales me miraban y no sé por qué tenía la sensación  que me podía comunicar con ellos. Al principio sonaba imposible y descabellado (y lo era) pero yo con mi gran imaginación lo intente. ¿Hola?    Les pregunte. Para mi sorpresa el león me respondió diciendo lo mismo ¡Hola! Me llamo Eduardo. Y tu nombre, ¿cómo es?  -Volví a quedar en shock. ¿Cómo era posible que el león me estuviera hablando? Después de conocernos mejor, me di cuenta que  el rinoceronte era tímido, casi no hablaba. Por otro lado, el león era muy amigable y extrovertido. Cuando llegó la noche me dijeron que podía pasarla en su hogar. Ellos me llevaron hasta allá y para mi sorpresa había más animales. ¡Fue una noche descabellada! Cantamos, bailamos, jugamos. Pero llegó un momento en que sonaron unos disparos. Todo el mundo salió corriendo y yo me quedé ahí. Después nos dimos cuenta que eran los cazadores quienes habían disparado, pero ellos no sabían que teníamos una ventaja. Uno de los animales que había ahí era la cebra. Ella tenía unos poderes mágicos. Podía hipnotizar a los cazadores para que se fueran y nos dejaran seguir en lo que estábamos.

La cebra salió, hizo lo suyo y al final los cazadores se fueron y nosotros terminamos nuestra pequeña fiesta. Cuando ya estábamos cansados decidimos irnos a dormir. Me llevaron a una carpa que le habían robado a unos turistas y me acomodé ahí.

Antes de dormirme me puse a pensar en lo que había vivido hoy. Había sido muy raro. Casi imposible, pero había pasado. Empiezo a sentir que algo me empieza a tocar el brazo, como si me estuvieran llamando. Luego se me nubla la vista y al cabo de unos segundos estoy en mi cuarto a oscuras y mi madre me está llamando para que me levante para ir al colegio.

La experiencia había sido genial. ¿Poder hablar con los animales? ¡Genial!

Por:

Paula Andrea Caicedo murillo

Daniela Velasco Rodríguez 9A