LO QUE DEBEMOS HACER CUANDO SE ACABA EL PASTO

Con la mirada tecnológica a la que estamos sometidos, observamos como una generación de niños y adolescentes revive aspectos tan naturales e inocentes como jugar con la arena o a “la lleva”, casi olvidados por los adultos; es por esto que atendemos con esperanza aquellos niños que en su afán por ser felices enfrentan situaciones de la forma más sencilla y fluida en dichos cambios. Si te has preguntado, ¿cómo actúan los estudiantes ante estas situaciones en un ambiente como el colegio?, estás en el lugar indicado. En el siguiente artículo trataremos tres situaciones, las cuales se dan en los momentos menos esperados.

La torre más grande I
Al llegar la hora del descanso se ven muchas cabecitas correr a la zona amarilla (zona recién cortada y marchitada por el sol), al llegar allí empieza la lucha; un salón contra otro, las niñas y niños trabajan en equipo, y empieza la recolección de pasto, unas montañas grandes se divisan desde el otro lado del patio, los niños son alegres, a cada carrera su sonrisa es más grande, se ven apresurados y se ve que disfrutan su estancia.

Flexibles
Un niño que llega al salón de clases con solo una pata de las gafas, pues la otra se le había caído por un balón que llegó hasta sus lentes; el docente le menciona que sería bueno unas que sean flexibles para que no se rompan tan fácil, al momento llega el niño con las gafas y le dice al docente, – profe mira que si son flexibles, y el estudiante empieza a mover la pata de las gafas de arriba a abajo en varios movimientos, demostrando su maleabilidad, pero esta otra se desprende de las gafas, el estudiante dice – ¡no!, no son flexibles, se pone las gafas sin más soporte que el cordón que las sostiene.

Celos, ¿algo natural?
Al llegar el docente al salón de clases puede notar que en el piso hay mucha basura y pregunta, -¿qué pasó?, a lo que le responden – un niño se dejó de hablar con una niña que era su gran amiga; y al notar que ya no se hablaba con ella como antes; sino con su nueva compañera, la estudiante toma la caneca de basura y se la bota alrededor del puesto a la nueva amiga. Situación que se soluciona con una charla, unas disculpas y la promesa de que no volverá a pasar.

La montaña más grande II
Cada día que pasa las montañas disminuyen en gran proporción, cosa que no ocurre con el entusiasmo de los niños, una vez que la montaña ya no se ve a la distancia, se puede observar que ellos las ayudan a que crezcan metiéndose debajo y cubriendo sus estómagos de pasto, la zona ahora es verde y surgen espadas gigantes al estilo quijotesco de Don Miguel de Cervantes.

Finalmente pregunto, ¿por qué perdimos nuestros momentos alegres, dándole tanta importancia a cosas que deben pasar?, sí así fue, no perdamos nuestro niño o niña exterior, ya sea por aparatos electrónicos o medios de comunicación que los moldea a su nuevo mundo entre las redes. Te invito a hacer una montaña de cobijas, a hacer un cambuche, a comer y tomar los más ricos alimentos invisibles o por supuesto, contar la historia del hombre más fuerte…, y de esta forma disfrutar de las cosas con la mirada inocente que ello conlleva, ser sencillamente feliz.

Post Author: Danilo Tellez Peña